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Mariana

Mariana, inconclusa, desconocida, ajena mía. Un recuerdo de nada, del pasado atravesado, del fantasma desconocido. Mariana, encontrada, cantada, bailada, consumida. Un platillo delicado, de sabores estrujantes, de ingredientes alados. Mariana, explorada, caminada, pensada, entendida. Un libro sempiterno, de palabras sin retorno, de silencios inconclusos.

Lucía

Siempre te quise, Lucía te quise y te odié, Lucía con todo y tus mil problemas con tus colores y cambio. Aprendí de ti, Lucía de tu caminar, Lucía de tu vida entera, tu historia de tus caminos y valles. Crecí en ti, Lucía en tus remansos, Lucía en tus constantes manías y tus matutinas brisas. Y luego me fui, Lucía me fui de ti, Lucía de tu lado y de tu lodo de tu molino constante de la mente.

Piel

La tuya es piel de café, de ese de mil sabores, de fluido calor y variados tonos. De profundidad aromática, de múltiples capas, de fino tacto y de amable color. De gracia despertadora, creatividad cautivadora y poesía en una taza, la tuya es piel de café.

Tu peso

He sentido tu peso volátil, ingrávido de nubes y porciones de tul de humo de colores y motas de polvo de luz. He sentido tu peso sobre mis brazos entre mis manos el peso de risas contagiosas, virales, maliciosas el peso de carcajadas al punto y sin descanso con un ritmo de ametralladora asesina como quien usa su risa como arma y como escudo. He sentido tu peso en mi mirada el peso de tus ojos que cala en lo profundo la tristeza sin igual que guarda la balanza que te pesa y se calibra con lágrimas de cielo He sentido tu peso la exacta proporción de tu carne la correcta posición de cada vértice de cada polígono de la esfera de tus penas He sentido el universo el peso de la materia completa en ti el vacío de lo que no es todo eso lo he sentido todo al mismo tiempo cuando te miro.

Espiritista

En esta casa no sólo vivo yo hay fantasmas en cada esquina pequeñitos y más grandes en la cama y en la cocina. Hay algunos que se esconden en el baño, en la regadera esperando a que uno se desnude para reírse a carcajadas. Luego hay otros, los más traviesos que se esconden en el refrigerador desaparecen el queso, el pan y sobre todo, el vino. Los más tranquilos, era de esperarse son los que están en mi cuarto de repente me abrazan al dormir y se apilan por montones en mi cama. Cuando despierto me peinan cuando me acuesto me cobijan y siempre, siempre, me observan en realidad quizá me cuidan. ¿Quién pudiera haber previsto que mis fantasmas me ayudan a limpiar las ruinas vanas de mi vida enmarañada?

Olvidándome

Siempre pensamos el olvido como si fuera una cárcel como el camino final de amores y de romances. Y no es así perdóname decirte mi constante acompañante mi enamorada del cine. El olvido no es final es solo un paso intermedio es el duelo de la vida por recuerdos tan ajenos. El olvido es el camino entre la paz y el rencor el que olvida siempre sabe que olvidar es lo mejor. Y sin embargo pasa que el olvido es momentáneo todo vuelve a su lugar casi como un engaño. Lo que vuelve siempre queda con mejores intenciones con aromas más intensos con colores delicados Y es así que ese recuerdo que es recuerdo del recuerdo queda por siempre listo para otra vez ser amado.

Las bugambilias

Caían, en lluvia los pétalos de la bugambilia que detrás de nosotros nos veía como quien ve a los niños jugar. El suelo, tan púrpura tan lleno de lágrimas de flores de aromas materiales de colores tornasoles. Y tú, bugambilia morada de abrazos apretados de piernas sempiternas me veías a mí, hacía mi adentro. Y yo, explorador del bosque recolector de memorias te veía sin mirarte te tocaba al olerte. Ese día de ese octubre de hace años las flores ya sabían (lo que nosotros preferíamos ignorar): la eternidad es efímera.