lunes, 17 de octubre de 2011
martes, 20 de septiembre de 2011
Ofrenda.
Viví, y era libre. Y morí cuatro veces en un fin de semana, si no es que más. Pero ese dulce sabor de un sueño cumplido deja en mí una alegría inigualable.
Ayer pensaba, por cuestiones amorosas, que la vida me estaba debiendo un gran karma a favor. Es decir, que ahora me agarraba a golpes y me podría tirar, pero que llegaría un momento en que todo eso me lo pagaría con buenos intereses. Hoy entiendo que no es así.
El gran saldo a favor que creo tener, me lo está pagando en otros rubros. Nadie puede ser feliz en todo, exitoso en todo. La vida simplemente no funciona así. Y con tan grandes bendiciones que tengo en mi camino, no puedo quejarme porque algo no salió bien.
Aunque me he tardado en escribir estas líneas, creo que es el momento justo. Todos los días nacemos nuevos y con nuevas alas, y morimos con nuevas heridas, diferentes punzadas y dolores. Seguimos muriendo como esos personajes del teatro, que sólo salen de su caja para presentarse unos minutos, y luego deben regresar a la oscuridad de donde salieron.
Cuando el telón se abrió, y dije lo que debía, nací de nuevo. El escenario se convirtió en mi vida y mi vida en un escenario. Cuando dije lo que pensaba esa noche, lo que había venido sintiendo por largo tiempo, mi vida se volvió a reiniciar. Ese pequeño paso, de ser honesto frente a esa línea de fusiles, de miradas expectantes, de oídos ávidos de errores y ojos amantes de las caídas y los tropiezos, fue crucial.
Enfrenté mi kraken, mi monstruo legendario. Del mar del corazón salió queriendo acabarlo con todo, como el mismo sentimiento en mi declaración. Y ahí, borracho de cariño, de sueños e ilusiones, le hice frente como pude, con una obvia falta de experiencia. Salí y grité abiertamente "niño estúpido". El niño estúpido era yo, quien sólo, se había quedado bajo ese árbol milenario de la decepción. Yo, y mis 483 personalidades, entregadas a un mismo propósito, cayeron del libro de los cuentos.
Y el muerto, ese que quedó arriba, con los brazos extendidos por el borde del barco, sobrevivió curiosamente, al menos en el recuerdo. Esa muerte tan significativa para mí fue justificada con creces. Lo que ese día murió, como algo externo y por lo tanto ajeno, no era más que el mismo sentimiento del que presumía.
Hoy apenas he entendido eso, que el sentimiento de esos amantes nocturnos, de esos amigos del timón de la esperanza, debía morir, para que todo tuviera sentido. Entiendo que eso me hace crecer, que la vida no me debe nada y que no hay un hueco que llenar por desamor, sólo los tontos piensan eso. Lo que queda, no es un espacio vacío, es un espacio lleno de cosas buenas o malas. Y es decisión mía, que ese espacio, pensado para esa amante nocturna, sea llenado por cosas buenas. Que ese cajón sea de recuerdos, no de basura. Por que el que guarda basura, se enmohece de odio y amargura. Vaya, que no quede duda de que serán cosas valiosas, aunque provengan de un sentimiento muerto.
Ese día, con esas 4 muertes que no fueron muchas, nací y crecí, con la experiencia de haber vivido el devenir de dos actos. Dichos actos, llenos de amor. Porque si has de hacerlo, si has de tener actos en tu vida, mas vale que sean de amor, que sean frenéticos, que te maten y te revivan, que te ahoguen en sentimiento, te tiren, te hagan gritar y desesperar, y que después, te den esperanza, para que cuando mueras, mueras así, con dicha esperanza en el corazón y su sabor en la boca.
En ese momento, fui inmortal. Aquel que hace las cosas con pasión, no teme a la muerte, porque sabe que está lejos de sus garras. Por más que el sentimiento fallezca, el personaje, aun en su caja oscura, nunca muere.
jueves, 24 de marzo de 2011
viernes, 4 de marzo de 2011
Imposible
Amor, que es del amor imposible.
Amor, que es de la vida sensible.
Del recuerdo que no deja
caminar sin detenerse
a voltear a ver la senda
por la que debe moverse.
Amor, que es del amor imposible.
Amor, que es de la vida sensible.
Del caminar cansado
por la vida tan inerme.
Del dormitar atado
a un sueño que no duerme.
Amor, que es del amor imposible.
Amor, que es de la vida sensible.
miércoles, 23 de febrero de 2011
Veamos cuanto dura
Veamos cuanto dura
mi mano en la tuya
veamos si el momento
se puede hacer eterno
no por un minuto
ni dos
ni una semana
sino eterno
Veamos cuanto duran
tus labios y los míos
puesto de tal manera
que no se reconozcan
que ya no sean propios
aunque tampoco extraños
que simplemente sean
como dos olas salvajes
libres y vibrantes
amos del destino
Veamos cuanto dura
mi mirada fija
puesta en tu mirada
de ojos soñadores
de vida inquietante
de amable bienvenida
Veamos cuanto dura
mi roce sobre el tuyo
mi conciencia en tu abuso
tu paciencia en mi camino
Y si no durara
ni un minuto
ni dos
ni una semana entera
ni una eternidad
podremos decir
que al menos nos tocamos
que al menos nos besamos
que al menos nos miramos.
martes, 22 de febrero de 2011
La banca de hierro
Pasan y los miro
me miran y nos miramos.
Ellos a mi me ven aquí,
solo con la soledad dispuesta a atacar.
Yo los veo a ellos con su pasar,
con su tiempo y su mirar.
Los veo hablar, sentados en la banca de hierro.
Esa banca que era tuya y mía, pero no más.
Los veo hablar y pienso
en los locos enamorados
en los caminos sin rumbo
en los rumbos sin caminos
en mis brazos ya cansados.
Parece que él le dice
como quien recitara
y le habla del mañana
y le canta de la vida
y de la intensa calma
Le platica sobre
la inmensidad del mar
las rutas del viajero
el destino jugador
la ruleta inoportuna
el cariño
la vida que los separa
los adioses
las despedidas tristes
el espagueti verde
los adioses de nuevo
Ella en cambio
no dice nada
aunque nada verbalmente
porque realmente lo dice todo
su mirada
sus manos
su cabello
dice que no
que no a las despedidas
aunque no sean tan tristes
dice que no al adiós
y al espagueti verde
Dice que no a todo, menos a la banca
esa banca de hierro que es nuestra herencia
y suya para tal vez
alguna pareja
que no tenga tanto que decir
sobre despedidas
y los adioses
y la inmensidad del mar
y el espagueti verde.
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